Hoy es Día de Reyes. Será por eso que siento un aroma especial en el aire. Y sin querer, o a propósito, hoy cumplí con esa niña que aún soy, disfrutando uno de mis mayores placeres de entonces y de ahora: leer. Y leyendo a Hernán Casciari, de cuyo blog, Orsai, me hice seguidora compulsiva, me encontré con otro niño: él mismo.

Devoré en un segundo el relato de lo que fuera su primer trabajo de escritor: un chiste-colmo para la revista Humi. Fue fantástico recordar en él, el placer y el gozo de los once años. De cómo se sueña y se desea a esa edad.

Creativo como pocos. Inteligente como él mismo. Me quedo con una de sus últimas frases que compartí por haber estado también cerca de las teletipos y las viejas Olivettis de las redacciones antes del Word y el Wordpress: "el olor a tinta en el papel no tiene precio".

Brindo por todos aquellos que como Hernán, no traicionaron a su niño. Y son felices haciendo lo que aman, como a los once años.

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